El artículo 4 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, deja bien claro que “nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre”, y que “la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”.

 
La trata de personas o el comercio de esclavos se desarrolló durante más de 300 años, prolongándose desde finales del siglo XV hasta principios del siglo XIX en que finalmente fue abolido. La noche del 22 al 23 de agosto de 1791, las personas esclavizadas de La Española (actual Haití y República Dominicana) se sublevaron, lo que supuso un hito en la lucha contra el tráfico de esclavos y en la abolición de la esclavitud. Su rebelión desembocó años después en la independencia de Haití, que se proclamó en 1804. Como fecha simbólica, en 1994 la Conferencia General de la UNESCO decidió declarar el 23 de agosto como Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición, cuyo objetivo es inscribir la tragedia del comercio de esclavos en la memoria de todos los pueblos, efectuar un examen colectivo de las causas históricas, los métodos y las consecuencias de esa tragedia, y analizar las interacciones a que dio lugar entre África, Europa, América y el Caribe.

Visto así, hablar hoy de esclavitud pareciera un anacronismo. Sin embargo si como define la Convención de Naciones Unidas sobre la Delincuencia Organizada la “trata de seres humanos es la captación, el transporte, el traslado, acogida o la recepción de personas recurriendo a la amenaza, el uso de la fuerza, la coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión de pagos o beneficios (…) con fines de explotación” , podemos afirmar que la esclavitud sigue existiendo a escala planetaria: no se limita a países empobrecidos y tampoco es un problema cultural. La esclavitud existe en todos los países y en todas las culturas. En Occidente, España incluida, cientos de miles de mujeres son forzadas cada día a trabajar como esclavas sexuales, víctimas de la trata de personas y de las redes de prostitución. Hoy persisten diferentes formas de esclavitud, como son la trata de personas y el tráfico de migrantes, y todas las actividades relacionadas como son el comercio sexual, el trabajo infantil, los trabajos forzosos y todas las acciones ilegalmente remuneradas que involucren personas, consideradas como mercancía en lugar de seres humanos con derechos.

La clandestinidad de esta actividad hace difícil hablar de cifras, pero independientemente de ellas lo importante en un día como hoy sea advertir de su existencia, recordar que las personas tratadas o esclavizadas tienen nombre y apellido y reconocer que están más cerca de nosotras y nosotros de lo que creemos.

 

Charo López López. Voluntaria de Médicos del Mundo Castilla-La Mancha

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