JESÚS A. NÚÑEZ, CODIRECTOR DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS SOBRE CONFLICTOS Y ACCIÓN HUMANITARIA

La crisis de las personas refugiadas en el Mediterráneo nos ha acercado a este especialista en temas de seguridad, construcción de la paz y prevención de conflictos, con especial atención al mundo árabe-musulmán.

En Médicos del Mundo nos gusta ir a las causas. ¿Puedes resumirnos las causas de esta crisis que se está viviendo en el Mediterráneo?

Jesús A. Núñez: Los flujos de población descontrolados desgraciadamente son una seña de nuestro mundo. Sus orígenes son muy distintos y las causas son particulares en cada caso.

Recordemos que los protagonistas de la crisis actual a las puertas de la Unión Europea no son sólo las personas sirias tratando de escapar de la violencia, sino también las afganas, eritreas, iraquíes, etíopes, somalíes,… Y cada uno de esos casos responde a situaciones de conflicto no resuelto que hace que quienes ven peligrar su vida traten de huir desesperádamente de esas zonas. Tenemos que entender que la violencia sigue dentro de Siria, por lo que más gente tratará de escapar. Los recursos de acogida en los países vecinos -Jordania, Líbano o Turquía- están saturados y estos países no consiguen atender ni proteger adecuadamente a los refugiados instalados en sus territorios, por lo que muchas de estas personas huyen y lo más cercano es la UE. Las causas también tienen que ver con la desatención de situaciones de desigualdad, de marginalidad y de violación diaria de los derechos humanos por parte de esos gobiernos y por parte de una comunidad internacional que mira hacia otro lado.

¿Era previsible que este éxodo ocurriera?

Sí, porque no se ha reaccionado, ni antes del estallido de la violencia (recordemos que en el caso de Siria las causas estructurales que determinan la insatisfacción de la población se remontan décadas atrás con un gobierno corrupto y totalitario), ni después. En el año 2011 las manifestaciones ciudadanas en Siria eran pacíficas, esperando una ayuda internacional que nunca llegó y el régimen reaccionó de manera violenta desde el principio. Cuando esas personas toman las armas para defenderse surge una dinámica de enfrentamiento de todos contra todos que hace que la población civil tenga las de perder, por lo que tratan de huir para preservar la vida. Sabíamos que se iniciaba un proceso que si no se remediaba en su origen iba a causar más oleadas de personas desplazadas, hablamos de siete millones dentro del país y de más de cuatro millones fuera, y esta situación va a continuar.

¿Cómo valoras la respuesta de la UE?

Atender a las necesidades básicas de una persona que escapa de una situación violenta en la que su vida está en peligro y proteger sus derechos es una obligación de nuestros gobiernos,no una cuestión de caridad ni de altruismo: es una regla básica determinada por el derecho internacional. Estamos viendo que hay un incumplimiento directo de esta obligación por parte de gobiernos que eluden la responsabilidad que les corresponde. Como ciudadano, reclamo que mi gobierno asuma esta responsabilidad. Si hablamos de cifras, recordemos que los 120.000 refugiados (en septiembre la UE -con la excepción de Hungría, República Checa, Eslovaquia y Rumania- acordó repartirse estas personas en dos años entre los países miembro) y los 40.000 que ya tienen el estatuto de refugiados, significan el 0,024% de la población de la UE. Mientras tanto, en Turquía, con 78 millones de habitantes, hay más de 2 millones de personas refugiadas sirias y en Líbano, 1 de cada 4 personas que habitan su territorio es refugiada.

¿Podemos prever la próxima crisis humana?

Creo que no. Lo que sí tenemos son indicios de las situaciones que con más probabilidad pueden ocasionar quiebras o estallidos de violencia generalizada. Sabemos que más del 40% de los conflictos actuales son repetición de otros anteriores mal cerrados. Nunca sabremos cual es la gota que acaba colmando la paciencia de una población para movilizarse.

¿Qué podemos hacer las ONG?

Creo que mucho. Asistencia, protección y testimonio son los tres elementos fundamentales. Hay que seguir asistiendo a quienes tienen necesidades insatisfechas, insistir en la protección de los derechos de quienes los ven violados a diario, y en el terreno del testimonio, es imprescindible informar, movilizar y sensibilizar a la opinión pública para presionar a nuestros gobiernos y lograr que asuman sus obligaciones. Estas tres tareas son esenciales.

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