El día 21 de Marzo se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial en conmemoración de la tragedia sucedida en 1.960 en Shaperville (Sudáfrica) cuando la policía abrió fuego y mató a 69 personas que se manifestaban pacíficamente contra “las leyes de pases” del apartheid.
Cincuenta años después, el apartheid ya no existe y muchos Estados han creado normas legales tendentes a eliminar el racismo en sus respectivos países. Pero la erradicación del racismo no puede conseguirse solamente con leyes que inste a sus organismos, gobernantes y sociedad en conjunto a abstenerse de cometer infracciones de este tipo o si se cometen que el aparato jurídico provea los mecanismos para sancionarlos.
El racismo es un sentimiento aprendido. Nadie nacemos siendo racistas. A los tres años los niños y las niñas ya son conscientes de las diferencias, pero a los 12 ya tienen estereotipos y prejuicios aprendidos que son el fundamento del racismo y de la discriminación. Por esta razón la lucha contra el racismo y la discriminación no puede ser solo un asunto de leyes que inhiban su aparición o condenen sus manifestaciones: el único mecanismo eficaz para erradicarlo es prevenirlo.
Y hablar de prevención es hablar de educación. Educar es prevenir y la escuela obligatoria es el principal servicio de inserción social. El sistema educativo español se basa en la igualdad de oportunidades y el derecho a la educación en un modelo consagrado por la Constitución y por diferentes leyes. Educar por tanto, ya no debe estar limitado a enseñar habilidades o destrezas: hay que formar personas competentes, flexibles, polivalentes, debe enseñarse a pensar, a tener capacidad de resolver conflictos, de tomar decisiones… y hacerlo en base a la igualdad, la negociación, el consenso, la búsqueda de objetivos comunes, la ayuda y la cooperación donde los y las jóvenes participen activamente en la construcción de su sociedad, en vez de defenderse o marginarse de ella.
Trascender del nivel puramente conceptual, es decir, para ejercitar de manera práctica estos valores cívicos y poder anclarlos en conductas y hábitos de las y los ciudadanos en formación, el sistema educativo no puede actuar solo, porque en la consecución de la justicia social, la responsabilidad es de todas las instituciones sociales y políticas.
Entre las primeras se encuentran las ONGs en general y Médicos del Mundo en particular. La experiencia y el conocimiento de las situaciones de desigualdad y discriminación, es conocida de primera mano por nuestra organización, lo que nos facilita trabajar sobre la realidad en los proyecto que llevamos a cabo. 
Charo López, voluntaria de Médicos del Mundo
 

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