El reciente brote de ébola en los países de África occidental pone de manifiesto la importancia de la prevención y la sensibilización en las comunidades afectadas.

 

La prevención ha sido identificada como la estrategia clave para atajar el virus.

A partir del descubrimiento de los antibióticos y de las vacunas, se produjo en toda Europa un relajamiento de las medidas higiénicas que fueron las que realmente contribuyeron a detener la difusión de las grandes epidemias que habían asolado el continente. No fueron los medicamentos, sino las ‘ciudades jardín’, la higiene, el suministro de agua potable y las cuarentenas, las que evitaron que el cólera, la peste y otras enfermedades epidémicas siguieran diezmando periódicamente la población europea.

El ébola, una enfermedad para la que no tenemos tratamiento, ni por ahora vacuna, que causa una altísima mortalidad entre quienes la contraen y para la que no sirven ni los más sofisticados medios de soporte vital, pone de nuevo sobre la mesa la necesidad de retomar los viejos hábitos preventivos que a éstas alturas pueden resultar algo ‘anticuados’, pero cuya eficacia está bien probada.

Si queremos detener el avance de la enfermedad, tendrá que ser -por ahora y hasta tanto se desarrolle una vacuna eficaz- identificando rápidamente a las personas enfermas, investigando los contactos que estas personas han tenido para evitar que a su vez infecten a otras personas, usando medidas higiénicas y de protección para disminuir la transmisión, etc.

Tratar a las y los afectados es un deber humano, pero no detendrá la enfermedad. Lo único que de verdad acabará con el brote es evitar la transmisión del virus. Y la buena noticia es que es posible, ya que no es un virus de alta contagiosidad porque necesita el contacto directo para difundirse.

Las medidas de prevención primaria son simples, no son caras, sobre todo si las comparamos con el coste de los tratamientos, muchas veces inútiles una vez que se ha establecido la enfermedad. Sin embargo, en los países donde se está desarrollando en estos momentos el brote de ébola, el establecimiento de estas medidas sencillas puede parecer utópico. Muchas de las comunidades carecen hasta del medio más primario de prevención: el cloro para rociar a los fallecidos, viviendas y objetos personales de los afectados o, simplemente, el agua y el jabón para lavarse las manos.

Es importantísimo que la comunidad internacional reaccione con fuerza apoyando a estos países para que puedan poner en marcha los protocolos de control, aislamiento y prevención de contagio necesarios para parar la difusión del virus. Y hay que hacerlo ahora que aún estamos a tiempo.

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