Hace ya algunas semanas que llegué a tierras españolas y aún permanece en mí lo que llaman, morriña africana. Aún recuerdo cuando hace algo más de dos meses, cogí un avión a un destino un tanto lejano y olvidado, Mozambique, sola pero con una mochila cargada de ilusiones y una gran sonrisa por poder disfrutar de esta experiencia. Recuerdo que durante las largas horas de avión sólo pensaba en que realmente no sabía lo que me iba a encontrar (no era mi primera experiencia, pero sí mi primera vez en África), que vivencias iba a vivir, que cosas iba a poder ofrecer y que iba a recibir; tan sólo tenía claro una cosa, que iba a intentar dar lo mejor de mí y que, como siempre, permanecería con la mente abierta para impregnarme de todo y todos. Ahora a mi vuelta me doy cuenta que se han superado con creces todas mis expectativas, en cuanto a experiencias, sentimientos, vivencias, sensaciones, acciones, aprendizajes…. y Sonrisas.

Cuesta expresar en unas pocas líneas todo lo vivido en estos días, pero si algo debo decir es que esta experiencia me ha enriquecido de manera distinta a las anteriores, quizás por la gente, aún no lo sé. Siempre había escuchado decir que la gente africana es noble, humana, generosa,… pero son más que eso, son unos luchadores natos, sobre todo sus mujeres. A día de hoy puedo decir que admiro a la mujer africana, bueno en este caso a la mozambiqueña. Admiro su fortaleza, su capacidad de lucha, su tesón, su vínculo maternal, pero sobre todo sus ansias locas de aprender y de avanzar, y el grado de implicación que tienen con los proyectos que las atañe. Gracias a ellas, y a todo el equipo de Médicos del Mundo, he conocido la realidad de miles de mujeres del distrito de Matola, a través de los distintos proyectos o simplemente hablando y conviviendo con ellas en el día a día.

 

También tengo que decir, que ha sido una suerte poder vivir esta experiencia con Médicos del Mundo. Médicos del Mundo realiza una labor enorme en el distrito de Matola, trabajando para fortalecer los servicios de planificación familiar, salud del adolescente y violencia de género a través de la mejora de las capacidades de las instituciones públicas y de la sociedad civil. Para ello, realiza muchas actividades en las que yo me he visto implicada, como supervisiones a las consultas de planificación familiar, charlas a los jóvenes sobre sexualidad responsable, realización de actividades para el fomento de métodos anticonceptivos de barrera para poder disminuir los altos índices de VIH/IDA, sensibilización a las comunidades sobre violencia de género…, e incluso empezar la construcción de un centro integral para el atendimiento de la mujer maltratada, aportando todo tipo de servicios. Así que sólo puedo agradecer a Patri, la chica cooperante (“mi jefa por unos días y amiga para los restos”), y al resto del equipo (Chico, Amina, Aurora, Isac, Perçina, Lita, Eugenio….) la confianza que han puesto en mí y las ganas locas con las que me acogieron y recibieron.

Y ya para acabar, tan sólo decir que si con algo me quedo de Mozambique, es con las Sonrisas. Sonrisas de agradecimiento, de nerviosismo, de simpatía, de aspecto tímido… Sonrisas infantiles, de adultos, femeninas…. Sonrisas melladas, enormes, pequeñas… Cada día tengo más claro que no hay cosa más sanadora y motivadora que el poder de una Sonrisa. Sonrisa que después de dos meses, aún no ha desaparecido de mi cara.

Lola Mansilla Pineda

 

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