(Experiencia de Carmen Sánchez Galisteo, Voluntaria de MdM CLM y alumna becada en el V Programa de Prácticas y Proyectos de Cooperación al Desarrollo de la UCLM )

Guatemala es el segundo país del mundo, después de Rusia, con mayor índice de femicidios. El país vive la «vergüenza» de haber superado ya las muertes violentas de mujeres de Ciudad Juárez con un aproximado de 600 muertes por año, 100 más que en esa urbe mexicana, según datos de la Secretaria Presidencial de la Mujer guatemalteca.


Con estos datos he llegado a Guatemala, gracias a la Fundación General de la Universidad de Castilla – La Mancha, concretamente a su V Programa de Prácticas y Proyectos de Cooperación al Desarrollo, para integrarme al proyecto “Fortalecimiento de la atención integral en salud de las mujeres en los municipios de Jocotán, Camotán, Olopa y San Juan la Ermita del Departamento de Chiquimula (Guatemala)”, financiado por la Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha y el Excmo. Ayuntamiento de Puertollano, y ejecutado por Médicos del Mundo España en Guatemala.

Mis actividades han estado relacionadas con la problemática de la violencia contra las mujeres sufrida en la Región Ch’orti’. Dichas mujeres, como en la mayor parte del planeta y como en casi todos los ámbitos, sufren el abandono de los poderes públicos y de la sociedad en general. Sus intereses están relegados al último puesto de la cadena social, y en la temática donde he estado trabajando, los informes y estadísticas del problema arrojan que las muertes intencionales y violentas de mujeres por el hecho de ser mujeres y como una demostración de poder y dominio, conocidas como femicidios, han venido aumentando en los últimos años, caracterizándose en muchos casos por una brutalidad y ensañamiento excepcionales.

A pesar de existir protocolos de manejo de casos de violencia basada en género, y manejo de violencia sexual, como normas dentro del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, en la práctica los servicios de salud de las comunidades no los conocen, ni aplican. Además, las mujeres de la Región Ch’orti’ carecen de suficiente acompañamiento en el proceso de denuncia y recuperación de las consecuencias de esta, por lo que se aconsejaba incluir en el proyecto un instrumento, (la investigación en la que he estado desarrollando mi labor), que pudiera reflejar el conocimiento del tema, así como su visibilización y sensibilización como problema de salud pública.

Las conclusiones de dicha investigación no dejan indiferentes, y mueven las entrañas a las personas que las hemos trabajado, por lo que la experiencia aun siendo gratificante, ha sido bastante dura, al comprobar esta realidad tan difícil que viven las mujeres de la Región Ch’orti’. Aun así, hay que seguir trabajando en este tema (y muchos otros) para que este fenómeno deje de estar presente en todos los países del mundo, independientemente de su grado de desarrollo, razas, clases sociales,…y se visibilice, se sensibilice, se denuncie para poder erradicarse lo antes posible.
 

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