Estimad@s compañer@s,

Queremos compartir con vosotr@s la historia de Ingrid. Ingrid es una de las personas protagonistas de la exposición «Ciudad de tod@s, hogar de algun@s», que muestra historias de vida de personas sin hogar y/o usuarias de de drogas inyectadas. Podéis ver más de ellas en Voces y retos en la inclusión social.

Esta es la versión extendida, de su puño y letra, adaptada por Sara Rodriguez y Paco Garrido. La foto es de Rubén González, ¡¡Gracias!!

¿Por qué queremos compartir su historia? Ingrid ahora está paralizada, pero parece que seguirá luchando, si conseguimos que entre en un centro especial…esta vez ha ido muy, pero que muy deprisa…

Sólo queremos que reflexionéis durante unos momentos sobre este colectivo, tan denostado por todo@s y para el que pedimos respeto. Pensadlo y, si decidís qué queréis hacer algo más contactadnos….. Puedes trabajar con y para ell@s.

Salud!!!!

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Ingrid siempre corre. Siempre tiene prisa. Desde que nació vive en un mundo con prisas: para ver a alguien, para pillar, para intercambiar material…No hay quien la pare…ni ella misma. Corre, corre, corre por el poblado. Lo cruza, vuelve a atrás, coge el bus. Pero se le espera, es de las personas que corren pero que sabe que le van a esperar.

“Me llamo Ingrid , hoy corro con mi bolígrafo no para escribir a Dios, mi pesadilla, corro para contar como fue mi vida hasta hoy, para contar como llegué a vivir en este mundo del que estoy luchando por salir: el mundo de las drogas”. Y drogas significa muchas cosas, para ella, para todos y todas. Y drogas significa que su pesadilla de escribir a Dios es muy real, pues le quiere pedir, a pesar de no creer, que quiere salir de esto. Para que lo sepa, de momento: que se de por enterado porque hasta ahora, no le ha escuchado. Piensa que a lo mejor, por escrito, le haría más caso. Por eso lo sueña, aunque sea en una pesadilla.

Ingrid nació en África en 1978, un poco antes de que empezara la guerra civil en el Congo Belga. Es una africana blanca. “No tengo ni un recuerdo. Tenía 3 o 4 años cuando me fui con mi madre y hermanas a Francia y mi padre quedó allí esperando que volviésemos, pero no fue así, nunca volvimos. Mi padre murió.” Y ella no volvió a encontrarse con él. Tendría que añadir un párrafo en la carta a Dios pidiéndole que pida referencias de ella a su padre. O que le avise, que no fue culpa suya el volverlo a ver. Ella, realmente no tiene culpa de nada. Tiene prisa, pero no culpa. Nunca la ha tenido: de nada.

Como tampoco tuvo culpa de que su madre se casara en Francia con otra persona, que ella quedara deshubicada, ni de que sus hermanas se fueran y  le dejaran en esa nueva casa. Una casa que no le gustaba desde ese momento. No era fácil Ingrid, en absoluto. Pero de nuevo, no tuvo culpa alguna de que la llevaran a una casa de acogida, en la que l@s niñ@s sí que tenían problemas: violaciones, agresiones, abandonos… desde entonces comprendió que “me quedaba allí porque prefería morir, que vivir con la nueva familia de mi madre. Fue una suerte para mí poder quedarme allí hasta los 18 años. Lo pasé muy bien. Me pude quedar hasta los 21 años, pero fui demasiado impaciente.” Ingrid siempre tiene prisa.

Después de Francia vino Andorra, luego Londres… luego otra vez Francia, esta vez en el sur. Y empezó con la bulimia. Estuvo enganchada a la comida. “Hoy estoy enganchada a las drogas.  Lo más extraño es que para mí la bulimia fue más dura de vivir que todo lo que estoy pasando ahora. Con la bulimia está perdido todo. Cuando acabé con la bulimia, empecé con la coca”

Ahora Ingrid sigue peleando. Desea salir del poblado. Quiere ir deprisa también, pero este paso le está costando más. No es fácil. En el poblado lo tiene todo, pero va ganando la partida. Ya ha salido, por temporadas. Esta historia no la ha acabado. Lleva semanas escapando, como en su foto. De colores y deprisa.

 

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