Cada día nos supone mayor esfuerzo poder digerir las informaciones que nos llegan, por encontradas y por lo que a nuestro ánimo afectan. Son muchos los meses de malas noticias

Supone un motivo de alegría comprobar que existen personas como tú, preocupadas por Otr@s, incombustibles defensor@s de derechos, que se moviliza, que no se calla, que alza su voz con argumentos…

Llegas el lunes a la oficina y te sientes reforzado al ver que aún existen ventanas donde poder asomarte y no verte aislad@, resquicios de libertad de prensa, motivos para no desconectar el televisor…Medios que proponen otros contenidos a la opinión pública. Ayer pudimos ver un nuevo episodio de Salvados, que comparaba la situación de las personas migrantes en nuestro país y de ciudadan@s español@s en Noruega: rechazo, barreras de acceso a la salud, exclusión social…Curioso ejercicio, que puede dar lugar a diferentes lecturas, dependiendo de la intención de cada un@.

Algun@s dirán que en España las personas migrantes en situación irregular están mejor que en otros lugares de nuestro continente. Que no tenemos que pagarles de nuestro bolsillo su sanidad, su medicación.

Otras personas interpretarán que la dicha va por barrios, dependiendo de tu posición en el escalafón: hasta que no te toca salir de tu país no te das cuenta de lo que supone iniciar, por necesidad, una nueva vida en una sociedad que no es la tuya: cada paso es una barrera, siempre estarás por detrás del nacional o del extranjer@ con recursos, estarás cerca de la exclusión social, sin que nadie repare en que eres “tú”, fulano de tal, que tienes familia y sabes hacer cosas, que estás aquí para aportar y que no quieres dar lástima a nadie. Entenderán que puede ser que el pobre inmigrante quizá no siempre ha sido así de pobre.

Finalmente habrá quien pensará que los derechos son derechos y que no se pueden hacer depender de gráficas, balances, índices ni de coyunturas económicas. Tod@s, bajo el mismo sol (o nieve) con los mismo derechos. Los gobiernos noruegos y español son igual de indignos y no reflejan la valía de sus nacionales.

Por contra,  supone un motivo de desazón noticias como la aparecida la pasada semana en la prensa boliviana. Una mujer nacional de Bolivia, tras 8 años de residencia (y de aportaciones a los Presupuestos Generales del Estado) en España, muere por falta de atención médica. No era “asegurada”, según el RD 16/2012. No era ciudadana para nuestro Estado, era una inmigrante. Y la ha matado la insolidaridad y unas políticas sanitarias incoherentes, injustas y mentirosas.

A lo mejor ha muerto porque l@s demás no hemos sabido defenderla, no nos hemos movilizado lo suficiente…ni siquiera ha aparecido en los medios. A Soledad no le ha defendido nadie. ¿Pasará lo mismo si muere un@ español@ en Noruega? ¿Aparecerá en prensa?

En definitiva, en este lunes gana la desazón. La alegría inicial en la que aparecemos muchas personas que no nos rendimos queda engullida por la realidad de que aún no es suficiente. Y que más necesitan los responsables de estas normas injustas para asumir que se han equivocado y que no queremos que muera nadie por culpa de un Real Decreto.

 

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