Análisis del año

El contexto

Quizá podríamos calificar a 2017 como el año en que la crisis de valores que ha seguido a la crisis económica se ha desenmascarado abiertamente. El contraste entre lo que la humanidad precisa para sostener su futuro y los liderazgos egoístas, que una gran parte de esa misma humanidad elige, es enorme. Es como si el sufrimiento de millones de personas hubiera dado como resultado la persecución de objetivos particulares, estatales, locales, desoyendo la ruta global que nos identifica como planeta, como seres humanos. Cerrando las puertas al progreso y con “premios” a corto plazo hemos liberalizado nuestros deseos, barnizándolos de hedonismo cercano, inmediato. Según alguna teoría el liberalismo/individualismo surge de grandes crisis que hacen perder la esperanza en un futuro común a largo plazo, algo similar a lo que ocurrió en las epidemias de peste o en las hambrunas europeas del siglo XIX.

El estado del bienestar se aleja, y para quienes nunca lo tuvieron se antoja, con mayor evidencia, inalcanzable. La desigualdad aumenta. Como consecuencia, los movimientos mundiales que se definen como el “me first”, populismos neoliberales, han ganado un enorme terreno en nuestro mundo. Supuestos defensores de los derechos humanos como Estados Unidos o Europa han caído sin vergüenza en políticas excluyentes, racistas y xenófobas. Yo primero. Pero no solo es problema de quien ejecuta dichas políticas, si no de quién decide conscientemente apoyarlas. El equilibrio se rompe, la inequidad se acentúa y el resultado de períodos similares en la historia nunca ha traído buenas consecuencias. Sin aprender de nuestro pasado insistimos en los errores, como lemmings que se suicidan de nuevo por exceso de población y falta de comida. Pero no somos lemmings y podemos modificar las condiciones de nuestro entorno.

Todos los períodos históricos caracterizados por este estilo político han ido seguidos o acompañados de conflictos y desplazamientos. Las personas marcadas por la desigualdad, las crisis, el hambre o la pobreza extrema buscan salidas desesperadas a la persecución, la violencia o la pobreza. Migran o buscan un refugio seguro.

A diferencia de otras crisis previas ya no quedan prácticamente territorios de acogida en el mundo. Aquellos que podrían suponer un refugio para quien los busca cierran sus puertas y se blindan, a pesar de estar debilitándose precisamente por graves problemas demográficos. El blindaje se disfraza de protección, de seguridad, de falsa solidaridad o simplemente de refuerzo de fronteras. Las fronteras, las banderas, son una invención, en realidad no existen. Adormecida por la cronicidad de los acontecimientos, la sociedad civil se defiende  cada vez con menor fuerza. Como ejemplo, valga la airada respuesta al acuerdo de la Unión Europea con Turquía y la comparativamente escasa repercusión de un acuerdo similar con Libia de mortales consecuencias para quien lo sufre. A pesar de nuestros esfuerzos.

Por otro lado surgen voces en sectores diferentes de la sociedad civil que abogan por un cambio de sistema. Una propuesta de equilibrio alternativo emerge de movimientos como el feminista, el humanitario, el de los pueblos indígenas o las organizaciones de cooperación. La conclusión es la misma, deben cambiarse las normas, se debe tomar el control apoyando a una ciudadanía crítica que anteponga el futuro a los intereses cortoplacistas o personales, el poder convencional, representado por las instituciones tradicionales. Aún no es una propuesta definida, pero sin duda, debe tomar un papel protagonista para el futuro la sociedad civil, con soluciones innovadoras y realmente sostenibles.

Médicos del Mundo, a través de su trabajo por el derecho a la salud, participa en este aún incipiente cambio del modelo social que estamos definiendo, en el que, de nuevo, lo importante son las personas.

Nuestro trabajo en el territorio internacional

2017 ha sido un año de intenso trabajo en el área internacional. Centramos nuestros esfuerzos en los distintos escenarios del movimiento migratorio, como Mesoamérica, el Sahel y los países en conflicto, como Siria, Ucrania o Sudán del Sur. Con nuestra red internacional -que ya supone más de una cuarta parte de nuestra actividad-completamos el cuadro ampliando nuestra intervención en las progresivas hambrunas y en conflictos como Yemen y Nigeria. Seguimos priorizando las crisis crónicas como la del Territorio Ocupado Palestino o la de los Campamentos de Personas Refugiadas Saharauis en Tinduf.

Un 70% de nuestros esfuerzos se dedican a programas de cooperación.  Este año hemos desarrollado una nueva estrategia integral en Mesoamérica, que junto con Médicos del Mundo Francia nos permite un trabajo global de acuerdo con nuestros principios y proyectado desde y con el terreno. En nuestro trabajo, seguimos dando prioridad a la salud sexual y reproductiva y la lucha contra la violencia, así como al acceso equitativo a la salud de las poblaciones más vulnerables. Trabajamos por la cobertura sanitaria pública universal con enfoque de género y derechos humanos.

En 2017 hemos denunciado la flagrante inseguridad de los equipos de salud en los conflictos, tanto ante foros de Naciones Unidas como con campañas como “Targets of the World”. El espacio humanitario se nos reduce, y no es casualidad. Hemos participado en foros internacionales de migración y de deslocalización de la ayuda, implicándonos en la implementación del Grand Bargain, que favorece la financiación directa de las ONG locales, puesto que son ellas quienes primero reaccionan en las catástrofes naturales y los conflictos.

Nuestro trabajo en el territorio estatal y autonómico

De nuevo, este año, la lucha por recuperar al menos las condiciones previas al Real Decreto-Ley 16/2012 de supuesta “sostenibilidad del sistema sanitario” ha sido clave en nuestro trabajo local. En la parte positiva hemos conseguido un pacto en el Congreso que incluye a todas las fuerzas políticas, excepto el partido en el gobierno, Ciudadanos, Unión del Pueblo Navarro y Foro Asturias. Seguiremos en esta difícil línea de protagonizar, junto a REDER, la lucha por que la sanidad sea una prioridad de estado, conservando nuestro sistema público de salud basado en impuestos, sin excepciones para las personas vulnerables. En la parte negativa, las sucesivas sentencias del Tribunal Constitucional que dificultan los intentos autonómicos de restituir el derecho a la salud tras el decreto de hace un lustro, injusto e injustificado.

Hemos continuado una potente línea de trabajo sobre el acceso a medicamentos, cuyo papel en la sostenibilidad de los sistemas públicos y de la propia economía familiar será fundamental en los próximos años.  Participamos en campañas como No es sano o El precio de la vida. De nuevo la exclusión de una parte de la población del sistema por intereses particulares que perjudican a todo el mundo.

Seguimos trabajando prioritariamente en programas de prostitución, una de las mayores expresiones globales de violencia contra la mujer. También con personas sin hogarmigrantes o en la prevención de la mutilación genital femenina, donde somos referente nacional para muchos de los programas de los gobiernos locales. Trabajamos en educación para la transformación social, en barrios donde la integración y la convivencia se convierten en clave de la salud  -en su sentido amplio- para las personas que conviven en las ciudades.

Y con campañas como Personas que se mueven u Oye Siria llamamos la atención sobre la necesidad de esa convivencia, sobre las ventajas de la integración acercando a las personas al concepto de ciudadanía global.

Nuestro trabajo en la Red Internacional

Construimos a grandes pasos la coordinación de una red diversa que mejore nuestro impacto global. 15 delegaciones y 146 programas internacionales en 60 países avalan nuestro trabajo, que aumenta, desgraciadamente, cada año. En la reunión de presidencias y coordinaciones generales de 2017 se aprobaron documentos claves en la historia de Médicos del Mundo Internacional, como el marco de trabajo común en emergencias y los estándares mínimos y buenas prácticas para la pertenencia a una futura gobernanza más abierta de nuestra propia red global.  También se aprobó ahondar en la hoja de ruta para el próximo año, que incluirá un marco de financiación global, una propuesta de sistema de gobernanza e iniciativas globales de comunicación e incidencia política.

Nuestro trabajo en Médicos del Mundo España

Seguimos adaptando nuestra organización a los cambios futuros, con nuestro Plan Estratégico 2016-2022 como herramienta. El objetivo no es otro que hacer mejor nuestro trabajo por el derecho a la salud de las personas, de los pueblos. Para ello estamos definiendo nuestro modelo de cambio social, actualizando nuestra participación en redes, definiendo los marcos conceptuales de participación, enfoque antropológico e interculturalidad. Hemos diseñado el segundo Plan de Igualdad y hemos puesto en práctica el enfoque de género y derechos humanos. Hemos trabajado en la mejora de la calidad a través del proceso de obtención del sello de calidad del modelo EFQM y avanzamos en la mejora de nuestro código ético, tanto en Médicos del Mundo España como en nuestra Red Internacional.

Además, se están definiendo nuevos criterios de representación territorial y buscando la mejor manera de estimular el crecimiento de nuestra base social.

En definitiva, 2017 ha sido un año lleno de trabajo que nos prepara para el futuro, ese futuro que sin duda debemos construir entre todas las personas.

 
Felix Hoyos
José Félix Hoyo Jiménez, presidente de Médicos del Mundo

Ha sido un año lleno de trabajo que nos prepara para el futuro, ese futuro que sin duda debemos construir entre todas las personas.