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Hola a todos, me llamo Raquel, tengo 42 años y nací en Madrid, al igual que mis padres y mis abuelos, (o sea soy ‘gata’ perdida).

Soy madre de ya una mujercita a la que adoro cada día más. Soy diseñadora gráfica online y offline, soy community manager, actualmente estoy estudiando SEO y SEM y ayudo a un amigo de la infancia a administrar su pequeña empresa; también soy voluntaria muy feliz y comprometida de MdM Madrid y a veces hasta soy actriz, pero lo que quiero contar en las próximas líneas es que me niego a vivir sin impro.

Hace siete años, mi hija se apuntó a teatro como actividad extraescolar y buscando en internet, de casualidad, encontramos un curso intensivo de fin de semana de algo llamado ‘Improvisación Teatral’. No sabíamos bien en qué consistía, pero ambas somos inquietas de conocer, así que allá que fuimos.

En principio yo solo iba en calidad de acompañante, para vigilarla y cuidarla, las madres es lo que tenemos, ya me entenderéis los que tenéis hijos, porque ella era muy pequeña respecto a los demás, gente adulta con su profesiones variadas, médicos, abogados, ingenieros, consultores (varios buenos amigos a día de hoy)… Cuando se presentaron uno a uno durante la clase yo pensaba, pero ¿qué hace esta gente aquí?, ¿esto no es una especie de clase de teatro?, ¿qué necesidad tienen? Qué ilusa era por entonces. El caso es que fui sin expectativa alguna más que apoyar a mi pequeña en un taller de fin de semana, pero oh!, la vida te da sorpresas, y gracias a eso aquí estoy hoy, mucho mejor persona de lo que era antes; ¿suena pedante?, para nada, y os explico el por qué.

La impro me ha enseñado a escuchar, pero a escuchar de “verdad verdadera” a las personas, a ser más empática, a combatir mi estrés y mis miedos, a potenciar mi imaginación y mi concentración, a ser más expresiva, comunicativa, creativa y organizada; he perdido mi pánico a la “equivocación” y mi vergüenza a expresarme libremente, sin prejuicios ni roles preestablecidos.

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Para los que sientan curiosidad sobre cómo se logra todo esto, os puedo contar que la impro está basada en las reglas del juego infantil, desarrollando de forma natural la escucha activa, la autoestima, la flexibilidad, el auto-juicio positivo, el pensamiento divergente, el sentido del humor, la relativización del error, la resolución de conflictos…, y todo esto nos dota de valiosas herramientas para nuestro crecimiento personal.

Quiero comentar también que la impro es válida para cualquiera, con independencia de género, edad, raza, credo o profesión, porque se nutre de la capacidad innata que todo ser humano dispone para crear e imaginar espontáneamente nuevos escenarios y situaciones, por eso la impro enriquece la formación de cualquier individuo que la practique, desarrollando su capacidad de adaptación, escucha y aceptación.

Gracias a la impro he vivido experiencias muy divertidas y también emotivas. Gracias a la impro acabé sobre un escenario, disfrutando como una niña con zapatos nuevos a mis ‘taitantas’ primaveras, divirtiendo a niños y mayores.

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Y más gracias aún a la oportunidad que me dio mi amiga médico de MdM y compañera de fatigas de impro Belén (somos las de los sombreros y las de blanco) porque a día de hoy tengo la enorme suerte de poder enseñar las técnicas de improvisación teatral a un grupo de adolescentes entre 11 y 16 años del asentamiento gitano rumano llamado “El Gallinero”, y la experiencia está siendo un reto muy gratificante.

Este proyecto se ha llevado a cabo gracias a MdM Madrid y Barró, una asociación sin ánimo de lucro con el fin de crear un espacio socioeducativo, de desarrollo personal y comunitario para personas en situación o riesgo de vulnerabilidad, marginación y/o exclusión social.

Comenzamos nuestra andadura sin hacer mucho ruido el año pasado; probando con una clase cada lunes alternativo durante unos pocos meses; para poder analizar su aceptación entre los adolescentes romanís.

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Y para mi felicidad, gustó, y este año hemos ampliado las clases y nos encontramos todos los lunes de 17:45 a 19:00 en el Secretariado Gitano, que amablemente nos cede su aula de exposiciones donde poder realizar el curso cómodamente.

El teatro de improvisación es una herramienta ideal para trabajar con los adolescentes del Gallinero por diferentes aspectos:
– Potenciar la socialización, la tolerancia y la cooperación entre compañeros.
– Favorecer el trabajo en grupo. El teatro es convivencia. Cada individuo es único y diferente, por eso la aportación personal de cada uno de ellos es muy significativa.
– El trabajo en equipo hará que los “errores”, sean sus aliados para seguir creando.
– Conocer nuevas facetas personales.
– Desactivar roles preestablecidos e impulsar la autoconfianza.
– Aumentar la creatividad y la imaginación.
– Cumplir y respetar las normas que se establezcan en nuestro espacio.
– Potenciar la responsabilidad con el trabajo.
– Favorecer la resolución de conflictos mediante la palabra y el diálogo.

En la improvisación y dramatización los adolescentes pueden encontrar un espacio dónde poder expresarse y responder sus dudas. Un espacio donde explorar sus emociones y potencialidades, donde aprender a confiar en lo que sienten e instruirse para ser resolutivos en los conflictos y problemas que la vida les plantea. Un espacio, en definitiva, en el que explorar y mejorar las habilidades sociales tanto consigo mismos como con los demás.

La intención de estas clases es que los alumnos adquieran, siempre mediante el juego, un reconocimiento como persona individual, libre de roles y de estructuras jerárquicas. Pero también serán capaces de interiorizar unas herramientas y técnicas que favorecerán su integración y sociabilidad, así como la capacidad para la escucha, la tolerancia y el respeto.

La impro llegó a mi vida de casualidad y se va a quedar para siempre. Quiero seguir creciendo, quiero seguir creando, quiero seguir aprendiendo a ser cada vez más consciente de la realidad que me rodea, a dar lo mejor de mí, a despojarme de mi ego y ser REALMENTE FELIZ.

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Por todo esto me permito y atrevo a gritar a los cuatro vientos que la impro te convierte en mejor persona, o cuanto menos, en una más consciente de lo que la rodea y más comprensiva con su alrededor, despojada de prejuicios y tabúes propios de un entorno, desgraciadamente cada vez más competitivo y cruel.

 

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