Porque las cosas no pasan si antes no las sueñas”. Esa fue una de las últimas frases que la profesora de Periodismo, Concha Mateos, de la Universidad Rey Juan Carlos, enunció a los presentes antes de finalizar su taller ‘Pulsar rec para cambiar el mundo’.

Y esa fue una de las frases sobre las que giró la quinta edición del Festival de cine documental, videoperiodismo y derechos humanos Artículo 31, organizado por Médicos del Mundo, y que tuvo lugar del 7 al 9 de abril en Madrid.

A ese espacio en el que a la reflexión, la comprensión, la empatía, la solidaridad y la denuncia se le pone un rostro, un nombre, una historia y un contexto, ya sea de Bolivia, de Siria o de Colombia, acudimos dos voluntarias de Médicos del Mundo Navarra, Isa Eguiguren y Katrin Pereda.

Agus Morales, director de la revista 5W, nos ofreció algunas claves sobre la relación entre los periodistas y las oenegés y mandó un aviso a los periodistas: no estamos donde habita el sufrimiento. También enunció el primer mandamiento de cualquier reportaje: respetar a las víctimas.

Las oenegés recibieron otro aviso de Morales: utilizan, en ocasiones, un lenguaje que hace incomprensible entender lo que le ocurre a las personas. Y segunda alerta: el periodista no es un enemigo.

Decía Morales que la relación entre medios de comunicación y oenegés no está exenta de prejuicios, pero sí se deben buscar caminos de trabajo conjunto como ser complementarios, compartir conocimientos y, en el caso de las entidades sociales, apoyar al periodista freelance, apoyar su honestidad, apoyar el hecho de que lleva mucho más tiempo en ese lugar, con esas personas, con ese problema. ¿Por qué? Porque va a compartir la sensibilidad.

No hay nada más terrible que decir algo que no querías decir”, afirmaba Morales en una de sus reflexiones sobre periodismo literario. Por eso la necesidad del máximo rigor y la reivindicación de la poesía, la “gran olvidada”.

Pero, ante todo, ser consciente de que una persona, un refugiado o un migrante, esa mujer o ese hombre, es mucho más que el día que huyó de la pobreza o de la guerra.

La ‘batería’ de cortometrajes estuvo salpicada de extractos de vida intensos: de cómo la leucemia, sin avisar, entra de pleno en la existencia de un menor y su familia y cómo los más pequeños se erigen en grandes maestros; de cómo Abdul, un adolescente kurdo, escapa de un secuestro ejecutado por la Yihad; de cómo entre los escombros producidos por bombas de guerra y odio, hay grupos de personas, llamados cascos blancos, que acuden a los lugares para tratar de salvar una vida bajo los escombros y de cómo a veces lo consiguen y otras veces no.

También nos alcanzó la historia de los linchamientos en Bolivia, el segundo país por detrás de Guatemala donde más casos de este tipo se registran, donde los ciudadanos se toman la justicia por su mano. O la voz de las mujeres congoleñas para denunciar sus situaciones de injusticia y de violencia machista, pero también una voz para ser protagonistas del cambio.

La también doctora en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna, Concha Mateos, nos invitó a intentar el cambio en el mundo mediante el cine participativo, mediante la generación de un proceso en el que el artista ponga al servicio de la gente sus capacidades.

Mateos defendió que la censura es la prueba de que el cine tiene la capacidad de cambiar algo de la realidad y que un trabajo cinematográfico, para lograr la transformación, debe cuestionar la estructura social o económica.

Eso sí, un cine para el cambio, nos dijo, nunca puede evadir el uso que hace de las personas.

En el festival se vieron más cortos, más historias de seres humanos que, a veces, simplemente piden que les dejen ser quienes son. Como en el caso del documental ‘Mi reflejo’, dirigido por Yolanda  Cosgaya y Silvia Pedraza, que aborda la transexualidad en menores.

El festival acabó con ese artículo 31, esa denuncia de la vulneración de derechos humanos sugerido por Médicos del Mundo, metido en nuestras cabezas y en nuestros corazones.

Aunque no es un artículo previsto en la Declaración Universal de Derechos Humanos, el artículo 31 que defiende Médicos del Mundo bien podría ser el de, con todas las manos, codo con codo, construir el sueño soñado.

Katrin Pereda, voluntaria de comunicación en Médicos del Mundo Navarra

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies