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El mes de mayo de este 2019 ha sido una época muy especial para buena parte de los vecinos y vecinas de La Milagrosa. Mientras muchas andábamos de aquí para allá, organizando actividades, contactando gente, preparando el mes cultural y las fiestas del barrio… otras vecinas y vecinos estuvieron en pleno ayuno, celebrando el Ramadán; una fase del año muy significativa para su cultura y que merecía la pena acercarnos a conocer.

Todas estas personas, o gran parte de ellas, se encuentran  en un contexto muy distinto al de sus países de origen. Un contexto en el que, en ocasiones, no es tan sencillo organizarse para continuar con tradiciones no tan arraigadas en esta nueva comunidad en la que ahora hacen sus vidas.

En el proyecto “Tu bario, tu casa” que hacemos en La Milagrosa-Arrosadia, tenemos la enorme suerte de contar con vecinas musulmanas que apoyan activamente las acciones que llevamos a cabo en el barrio tanto en las ramas de salud, educación como participación. Estas mismas vecinas, que conviven y participan como una parte más de la comunidad, nos propusieron la siguiente idea: “queremos invitar a todo el barrio a conocer una parte de nuestra cultura, celebrar junto a vecinos y vecinas (sin importar su religión o cultura) a festejar el final del ayuno con nosotras”.

Desde Médicos del Mundo, la idea no nos pudo parecer más acertada. Visibilizar una parte de la comunidad a través de su cultura, desde la cercanía y la convivencia en espacios colectivos como es el propio centro comunitario del barrio.

El pasado 8 de junio, celebramos junto a nuestras vecinas musulmanas y otras muchas más que no confesaban esa religión, una merienda comunitaria para festejar esta fecha tan destacada.

 

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Ellas mismas fueron las que se encargaron de organizar todo, de movilizar gente, de la logística del espacio, de acoger a las invitadas, de dar contexto a quien no conocía en qué consistía todo esto. Nos juntamos más de 100 personas a lo largo de toda la tarde y, os podemos asegurar, que nadie quedó indiferente ante la hospitalidad y buen ambiente que nuestras vecinas habían logrado trasmitir.

Pudimos degustar  pastas, platos salados, varios tipos de tés… todo gracias a cada una de las mujeres que trajo un plato típico de sus casas para compartirlo con el resto. Además, dos vecinas se prestaron para hacer un taller de tatuajes de henna y fue todo un éxito.

Seguimos adelante, aunque con la barriga cada vez más llena de tanto dulce rico.

 

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