Llega, de nuevo, el 25 de noviembre, ese día en el que todas nuestras fotos de perfil de las redes sociales nos recuerdan y recuerdan que seguimos luchando contra las violencias machistas, ese día en el que participamos en multitud de actos, concentraciones, manifestaciones, etc., para denunciar todas las formas de violencias contra las mujeres, ese día, en definitiva, que debería ser todos los días, hasta que la terrible sangría de asesinatos, agresiones, violaciones, mutilaciones, explotación e insultos termine.

No voy a hablar de patriarcado como forma de violencia estructural, ni del sexismo que impregna nuestra cultura, ni siquiera de ese machismo que es la herramienta perfecta a través de la cual patriarcado y sexismo operan con impunidad, no, voy a hablar de quienes somos el último eslabón de la cadena de violencias: nosotras, las mujeres.

Desde que nacemos, en cualquier país, casi en cualquier familia, y en cualquier época, las mujeres somos el “objeto” de múltiples discriminaciones y violencias: se nos asigna un color, el rosado, se nos asigna un papel en esta vida: primero hijas y luego madres, y se nos suponen unas características determinadas: sensibilidad, sumisión, debilidad y no mucha inteligencia.

Vamos creciendo en una familia, en una sociedad, que nos tiene anestesiadas y que reproduce hasta la saciedad mensajes que nos obligan a maquillarnos, a estar delgadas, a sonreír siempre, a no enfadarnos, a soportar humillaciones, acoso, y todo esto, sin dejar de ser buenas hijas, buenas amigas, buenas niñas, en definitiva.

Y llega el amor romántico, ese que nos han dicho que nos salvará, que nos redimirá de todos los males, ya que conoceremos a un príncipe que se casará con nosotras y nos hará buenas mujeres, mujeres dignas de ser, mujeres-esposa y mujeres-madre. Nadie nos dirá que ese príncipe, muchas veces, será un sapo, y que veremos como el desprecio y el dolor, dentro y fuera de casa, continúan.

Vamos envejeciendo, las criaturas, criadas con esmero y mucho sacrificio, se hacen mayores, nadie nos agradece lo que hemos hecho por ellas, la sociedad nos da la espalda, somos demasiado viejas para producir, nuestros cuerpos son demasiado viejos, no fértiles, arrugados, feos, para ser de utilidad en las sociedades en las que la juventud y la belleza lo son todo.

Y morimos, o nos asesinan, y alguien nos recuerda como la hija de, la mujer de, la hermana de, la madre de, siempre nombres de hombres, siempre ellos, nunca nosotras.

Pero hay salida, tenemos que recordar que nadie, nunca, nos protegerá sino lo hacemos nosotras mismas, que somos sujetas de derechos y no objetos de adorno, y que el feminismo está ahí para transformar las relaciones de poder entre mujeres y hombres que son las que permiten que las violencias sigan existiendo, reproduciéndose y reinventándose. El fin de las violencias machistas pasa, necesariamente por el feminismo. ¡Viva la lucha feminista, gora borroka feminista!

 

Yolanda Rodríguez Villegas, Presidenta de Médicos del Mundo Navarra.

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Un Comentario para NUESTRAS VIDAS SON NUESTRAS LUCHAS

  1. […] F – Abrir una escuela de empoderamiento femenino en Guinea Bissau. Quiero crear un hilo conductor entre Navarra y Guinea Bissau a través de Dunia Musso para trabajar con jóvenes. Mi próximo paso es organizar una carrera de mujeres en Guinea Bissau para recaudar fondos y sensibilizar contra la MGF. Me gustaría hacerla el 25 de Noviembre, el Día Mundial contra la Violencia contra las Mujeres. […]

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