Victor Sanchez - Entrevista

Con motivo del Día europeo Contra la Trata de Seres Humanos, desde Médicos del Mundo Navarra queremos recordar que, tanto la trata con fines de explotación sexual como la prostitución, son expresiones extremas de violencia de género, además de dos realidades indisociables.

España es el tercer país del mundo y el primero en Europa donde hay más hombres que consumen mujeres. Por eso, consideramos que es esencial señalar y analizar la raíz de esta violencia poniendo el foco en quien la ejerce, el prostituyente, ya que sin demanda, no hay oferta.

Para analizar la prostitución desde este punto de vista contamos con Víctor Sánchez, técnico de Igualdad, experto en Género y Masculinidades, escritor, articulista, docente y formador de formadores/as. A partir de su experiencia profesional, reflexionaremos sobre masculinidad, violencia y el papel de los hombres en la lucha contra la prostitución ya que, como él mismo apunta, es fundamental poner un espejo enfrente de los hombres hasta que “afrontemos de una vez por todas, la labor que nos toca”.

• Desde tu punto de vista, ¿qué características de la identidad masculina crees que autolegitiman y favorecen la demanda de prostitución?

La identidad masculina se va conformando a través de multitud de factores.
En primer lugar, crecemos en una sociedad machista que nos predispone en una situación de superioridad (no solo mental, sino real) sobre la mujer. Aunque sea de forma inconsciente, no pensamos que las mujeres sean nuestros pares. Dominar, someter, violentar a un sujeto que consideras que es inferior a ti, es sensiblemente más fácil (perdón, por lo crudo de esta afirmación) que si tuvieras que hacerlo con una persona que realmente te importara y sintieras que está al mismo nivel que tú.

Si queremos llegar a entender qué lleva a los hombres a legitimar su consumo de la prostitución, tenemos que indagar en cómo se va construyendo también su identidad y educación sexual y su relación más cercana con las mujeres, en el aspecto relacional.

Por un lado, tenemos una educación sexual que, aunque ligeramente mejor que la que hemos tenido generaciones anteriores, naufraga inevitablemente en el aspecto afectivo de la misma.

Por otro, y a pesar de compartir socialización con las mujeres desde edades muy tempranas (parques, escuelas infantiles, colegios) en el fondo seguimos transitando por una educación mixta pero tremendamente diferenciada. Un ejemplo que leí hace poco en un estudio, y que hablaba de las amistades que los chicos y las chicas tenían a medida que avanzaba su edad, decía lo siguiente:
“A los tres años tienen el mismo número de amigos que de amigas. A los cinco solo el 20%. A los siete años, prácticamente el 0%”.

Este ‘parón’ se mantiene hasta la adolescencia, donde empezamos a reencontrarnos con las mujeres, pues es justo cuando se inician las primeras relaciones sexuales. Es decir, empezamos a relacionarnos con las mujeres en la adolescencia, desconociéndolo absolutamente todo de ellas (no solo desde el punto de vista estrictamente sexual, que también).
Es la ‘tormenta perfecta’ cuando ya, desde el aspecto puramente de la sexualidad, añadimos el último factor determinante: Los adolescentes varones, a esas edades, llevan ya consumidos un montón de años de la pornografía más violenta y misógina.
Y de esa pornografía a la prostitución solo queda un paso.

• Rosa Cobo señala que “la pornografía es la pedagogía de la prostitución. En ese sentido, ¿qué impacto señalarías que tiene la pornografía en los hombres?

Esta es una pregunta difícil de responder, y quizá no sea yo la persona más adecuada para hacerlo. Hay muchas mujeres que están estudiando y profundizando en este tema y que seguro podrían adentrarse en una respuesta mucho más acertada y completa a un asunto más complejo de lo que pueda parecer a priori.

Entendemos que el consumo de la pornografía en los hombres está tan extendido, que asumimos que, prácticamente el 100% de los hombres en algún momento de sus vidas ha consumido (y muchos siguen consumiendo de manera habitual y diaria) pornografía. Sin embargo, si manejamos esa cifra conocida desde hace años, vemos que sólo el 39 % de los varones reconocían haber consumido prostitución. Por tanto, no podemos decir que estamos ante una relación causa-efecto directa y única, aunque sí lógicamente, en gran parte, incide y mucho, la una con respecto de la otra.

Y aquí entonces, se abre un abanico de diferentes causas que puedan explicar parcialmente la relación entre el consumo de la pornografía y la pornografía.
Me atrevo a decir, es un sentir personal, que el feminismo está llegando con una inusitada fuerza a las mujeres más jóvenes de hoy en día, que, obviamente se niegan y cada vez más, a permitir relaciones heterosexuales en donde los chicos pretendan poner en práctica aquello que han aprendido en el porno. Esto puede llevar a que los chicos jóvenes (y los no tan jóvenes), acudan a la prostitución a poner en práctica todo lo que ‘sus’ chicas no les permiten llevar a cabo. Eso puede ser una sola de las ramificaciones/explicaciones posibles.

En otro tipo de situaciones, advertimos cada vez más que los chicos adolescentes acuden a la prostitución como simple método de diversión en grupo
Quizá una aparente y minúscula conciencia ética y moral, lleve a muchos hombres a pensar que consumir virtualmente cuerpos de mujer a través de la pornografía, sea algo que se nos antoje moralmente más permisible que el consumo de prostitución.

• ¿Qué relaciones establecerías entre la prostitución, la violencia, y la identidad masculina hegemónica?

La violencia y la identidad masculina hegemónica están íntimamente relacionadas, pues es a través de la fuerza, no solo cuando se ejerce, sino cuando está presente (que es siempre), como se consigue imponer el modelo hegemónico de la masculinidad al resto de colectivos oprimidos.

Esto lo aprendemos desde bien pequeñitos, a través de los juegos asociados a las peleas, a la competitividad y a la resistencia y negación de emociones (y más, cuando a las niñas se les socializa justo en todo lo contrario -lo cual es fundamental para que el método de aprendizaje sea doblemente efectivo-).
Y esto tiene consecuencias, no solo para nosotros los hombres que somos socializados en un constructo personal e individual tremendamente restrictivo y perjudicial, si no, sobre todo y como es lógico, para las personas que socialmente nos rodean, y que sufren las consecuencias de nuestro modelo de masculinidad, que se basa entre otras muchas cosas, en el ejercicio de la violencia.

La masculinidad, además, se demuestra permanentemente. No basta solo con integrarla a lo largo de nuestras vidas, sino que exige demostrarla continuamente, para dejar bien claro quién es el que manda.

Toda esa presión social que se exige por cumplir con el mandato de género masculino necesita una válvula de escape, y a los hombres se nos va a permitir una muy concreta: la prostitución. Que no se nos olvide, que la prostitución es el espacio en donde los hombres se pueden comportar como hombres sin ninguna repercusión ni consecuencia alguna.
Y en donde nunca se les va a decir que ‘no’.

• En más de una ocasión, mujeres en situación de prostitución nos han trasladado lo que sienten cuando son prostituidas. Es muy frecuente que hablen de asco y miedo, ¿en qué medida crees que el prostituyente es consciente de esta situación?

Yo creo que los hombres prostituyentes son perfectamente conscientes de que eso es así, pero no les importa lo más mínimo (recordemos que se están relacionando con alguien que no les produce la más mínima compasión ni empatía).
No me creo que ningún hombre que acuda a un polígono industrial (por poner el primer ejemplo que se me viene a la cabeza de los posibles escenarios donde se ubica la prostitución) reclamando los servicios de una mujer prostituida sea capaz de creerse que esa mujer está allí por elección propia.

• En ese caso, ¿cómo crees que se puede destapar la naturaleza de violencia y de relaciones de poder de la prostitución de manera que los hombres puedan empatizar con ella?

Poniendo el foco de una vez por todas en los hombres, de forma clara y decidida.
Una de las incomodidades que ha conseguido de forma más brillante el feminismo es que a los hombres se nos ha puesto un espejo delante de nuestras caras, a escasos centímetros de nuestras narices, y lo que allí se ve, lo que allí vemos, lógicamente no nos gusta. Es más, nos produce un fuerte rechazo.
Nos toca revisarnos profundamente, ver por dónde han transitado nuestras vidas y aceptar que todas y cada una de las reclamas del movimiento feminista en nuestra ‘contra’ (de nosotros los hombres, como pertenecientes al género dominador) no solamente son legítimas, sino que son totalmente ciertas.
Otra cosa es que los hombres no veamos o no seamos conscientes de todos y cada uno de los tipos de violencias y discriminaciones que ejercemos, y nos moleste que nos digan a la cara las consecuencias de nuestro comportamiento machista diario, porque la desigualdad muchas veces es invisible para él que la ejerce y no la sufre.

Pero que las mujeres, que son lógicamente las primeras que las sufren, y son las que lo tienen clarísimo, es más que obvio, en cuanto apliques un mínimo de concienciación y mirada crítica sobre el problema.

• En ocasiones, has escrito acerca de cómo se construye un hombre feminista, pero ¿cómo se construye un putero?

Ahí radica gran parte del problema.
Cuando escribí hace un par de años un artículo que se titulaba “Cómo se construye un hombre feminista”, me quería referir obviamente, no al hecho en sí de lo acertado o inadecuado de que un hombre se pueda autodenominar feminista (yo creo que no deberíamos hacerlo), sino a buscar los motivos o razones que puede encontrar un hombre para cambiar de bando (abandonar los privilegios patriarcales asignados por nuestra condición de varones, para acercarnos al feminismo y luchar al lado de las mujeres que reclaman una igualdad que todavía no ha llegado a tener un impacto real en la sociedad).

Que un hombre abandone el privilegio de ser hombre, requiere un nivel de concienciación inicial, un ánimo de querer transformarse individualmente, y un esfuerzo (diario y que no tendrá fin) en no volver a esos privilegios que hasta que colectivamente no los consigamos desmantelar, seguirán estando ahí.
Un putero se construye sin ningún esfuerzo.

Ya lo decía muy acertadamente Beatriz Gimeno hace años. Cualquier hombre, en cualquier parte del mundo, nace con el privilegio y la posibilidad de acceder al cuerpo de una mujer a cambio de una cantidad ridícula de dinero. Eso es así, en cualquier país, cultura, religión o sociedad actual…

Y es tremendamente difícil desmontar algo que funciona y fluye de manera tan natural, y está tan asentado en la sociedad desde hace tantos y tantos siglos.

• En relación a ello, ¿por qué crees que el perfil del putero tiende a encajar cada vez con hombres más jóvenes?

Porque en la juventud es una época en la que nos gusta probar muchas cosas y ponernos a prueba. Algo que viene implícito también en nuestros genes masculinos aprehendidos, como una seña de identidad.

Recordemos también que vivimos en una época en la que se descubren las cosas cada vez de manera más rápida (sexualidad incluida), estamos acostumbrados a la inmediatez en todo, y cada vez quemamos etapas de una manera más paranoica.
Si hablamos estrictamente de sexualidad, pornografía y prostitución, el consumo masculino de mujeres en la pornografía se aburre cada vez más pronto, y necesita consumir vídeos más fuertes y en dosis más altas (de la misma manera que acostumbrados al consumo de alcohol, cada vez necesitamos beber más para emborracharnos).

• El movimiento feminista está dividido entre posturas abolicionistas y regulacionistas, ¿qué opinas al respecto?

Desde el punto de vista de los hombres, que somos los sujetos prostituyentes, esta es la cuestión respecto a la prostitución que menos nos tendría que preocupar, porque no nos corresponde a nosotros decidir nada al respecto. Si acaso, todo lo contrario.

Un asunto tan importante y trascendental actualmente dentro del feminismo (y por extensión de toda la sociedad) como es el caso de la prostitución es algo que como mínimo debería ser motivo de la celebración de un referéndum. Como democracia aparentemente consolidada, tenemos el deber y la responsabilidad de construir una sociedad más justa e igualitaria, en donde por supuesto, no debería tener cabida el sistema prostitucional.

Y eso, hay que exponerlo a la sociedad de forma clara y responsable, para tomar la decisión oportuna. Necesitamos mucha más pedagogía feminista. Normalizar los debates y diálogos que se antojan trascendentales, porque si no, para cualquier decisión o legislación ‘nueva’ que, por importante que sea, se tome la decisión de implantarla, parecerá una imposición más o menos situada en el espectro de una determinada parte de la clase política.

Lo ideal es que este tipo de temas, al igual que en su día pasó con la Ley de Violencia de Género, fuera una cuestión de Estado, y todos los partidos políticos remaran en la misma dirección (aunque se admita que existen matices o discrepancias iniciales que, una vez aprobada la ley de turno, se cerrarán filas para su correcta puesta en marcha).

Hoy, esto ya parece imposible solamente plantearlo. Y me da la sensación de que va a ser un tema que se va a seguir aparcando todavía bastante tiempo.

• El movimiento feminista ha sido siempre liderado por mujeres, ¿qué papel crees que deben jugar los hombres en la lucha feminista?

En primer lugar, creo que el papel de los hombres dentro del feminismo tiene que ser poco menos que testimonial.

No solo porque el movimiento feminista es un movimiento levantado y sostenido a lo largo de sus dos siglos y medio de vida, única y exclusivamente por mujeres, sino porque no nos corresponde a nosotros (siendo como somos el sujeto ejecutor del patriarcado) figurar por ninguna parte.

Si los hombres realmente queremos hacer algo honesto y sincero por el feminismo, es tan sencillo como poner en práctica la célebre frase de Kelley Temple, “los hombres que quieren ser feministas no necesitan que se les dé un espacio en el feminismo. Necesitan coger el espacio que tienen en la sociedad y hacerlo feminista”.

Nos toca convertirnos en desertores del patriarcado (y renunciar a nuestros privilegios de género) y no en aliados / profeministas / hombres igualitarios, o cualquier otra etiqueta que rápidamente nos gusta agenciarnos para que nos reconozcan y nos aplaudan, como integrados en la parte activa de la solución del problema.

• ¿Qué supone para los desertores del patriarcado mirarse en ese espejo incómodo que has comentado?

Hace ya año y pico, tuve la oportunidad de participar en una mesa redonda en un congreso internacional sobre violencia de género (asociado también a la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual). Revisando minuciosamente el programa y las personas que lo componían en los diferentes días que duraba, no veía por ninguna parte el testimonio de un putero. Una vez más, los hombres nos librábamos de salir reflejados en la foto.

Es como cuando viendo el telediario sale alguna noticia del desmantelamiento de una red de trata de mujeres obligadas a prostituirse. Nunca vemos la foto de un proxeneta, del dueño de un burdel, de un putero…

Al final uno tiene la sensación de que esto de la prostitución ocurre en un mundo paralelo que el mundo en el que nosotros vivimos a diario. Y los burdeles, clubes de alterne, polígonos industriales, pisos donde se ejerce la prostitución, están por todas partes. En todos los lugares y ciudades. No es una realidad que podamos ocultar fácilmente. Porque está ahí. Estamos hablando de la esclavitud del siglo XXI. Y, sin embargo, la vemos a nuestro alrededor y no solo no hacemos nada por erradicarla, sino que estamos tan inhumanamente anestesiados que ni cuando vemos la televisión nos sacude nuestras conciencias apenas unos breves segundos.
Por esa misma razón, necesitamos de más hombres que reconozcan por dónde hemos transitado en nuestras vidas. Reconocer que hemos violentado a las mujeres de múltiples maneras. Reconocer que hemos consumido prostitución (o pagado por acceder al cuerpo de una mujer), sea de la forma que sea (aunque sea pagando a través de una webcam -que también es prostitución-) en algún momento de nuestras vidas, y que ya no lo vamos a volver a hacer.

Reconocer que seguimos consumiendo pornografía, aunque no sea la pornografía más violenta y salvaje. Pero lo hacemos en los mismos portales y páginas web, que dan pie a que otros hombres lo hagan, con lo cual, en mayor o menor medida, estamos fomentando que se mantengan ese tipo de negocios o empresas que se aprovechan de las mujeres.

No podemos escandalizarnos con casos como los de Harvey Weinstein o Plácido Domingo, y pensar que nosotros a su lado, somos uno benditos angelitos. Pues no. Efectivamente las palabras, terribles palabras de Plácido Domingo, aludiendo a que “las normas y estándares de la actualidad son muy diferentes hoy de lo que eran en el pasado”, también nos valen a nosotros, los hombres de a pie, y nos deberían valer, para hacernos reflexionar más profundamente.

Necesitamos pedir perdón a las mujeres de manera individual, con las que hemos compartido partes de nuestras vidas y a las que hayamos podido violentar de diferente manera, y necesitamos pedir perdón a las mujeres, de manera global, no por el hecho de haber nacido hombres (eso no lo hemos elegido), si no por no haber sabido detectar a tiempo el modelo de masculinidad en el que estábamos inmersos, y no haber hecho nada hasta ahora, para empezar a solucionarlo.

Y, por último, cuando nos quitemos ese espejo cercano acusador del que hablábamos antes y que tanto nos tiene que incomodar, necesitamos volver a mirar a la cara a las mujeres desde una posición honesta y sincera, y empezar a pensar en una manera de relacionarnos con ellas diferente a como lo hemos hecho hasta ahora.

Y si todo eso falla, porque no seamos tan valientes como lo sois vosotras, y/o nos quedemos a mitad de camino de nuestro particular proceso individual, seguid acercándonos el espejo, todo lo que haga falta. Hasta que no tengamos escapatoria posible, y afrontemos de una vez por todas, la labor que nos toca.

 

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